D.O. Ribeiro

Historia, clima y suelo

La Denominación de origen más antigua de Galicia

Los castros del que es vigía el de San Cibrao, no atestigüan la elaboración de vino en época prerromana, pero sí la presencia de restos de éste en recipientes de procedencia bética y mediterránea. Existía en cualquier caso en esta zona desde la prehistoria una vid silvestre, cuyo polen aparece en los estratos geológicos analizados.

 

Con la colonización romana desaparecen las vasijas de importación, de donde es fácil deducir que el vino comienza a elaborarse en esos pagos por tan civilizadores ocupantes. Oro en abundancia, aguas termales y tierra propicia al vino es una trinidad santa para los intereses del Impero Romano. 

 

Pero no será hasta el medievo cuando se llega a la edad de oro del Ribeiro. El establecimiento de los cistercienses franceses en los monasterios de la zona, San Clodio sobre todo, coloniza el Ribeiro y lo convierte en una potencia económica de primer orden, elaborando en ella, según acreditan cuantos documentos se consulten, uno de los mejores vinos blancos del mundo. La fisionomía básica del Ribeiro de hoy procede de esa época.

El milagro de la interrelación atlántica y mediterranea

Las tierras de la D.O. están afectadas por el carácter mediterráneo peninsular como por la influencia altántica. Esta influencia marítima se ve suavizada por la protección que ofrecen las cadenas montañosas. Gracias a ellas se puede tener una viticultura en la que las maduraciones alcohólica y fenólica se desarrollan en paralelo, de forma que el tartárico domine sobre el málico y se conserve un frescor equilibrado gracias a la acidez natural. La maduración se produce lentamente, lo cual respeta el frescor natural de la uva y su componente aromático. Esto es posible debido a la importante variación térmica diaria provocada por el carácter continental y las corrientes de aire dominantes.

El «sabrego»

El cultivo de las tierras del Ribeiro desde el primer milenio hasta la actualidad ha dotado a estos suelos de una características que difieren notablemente de las de los suelos naturales.

El «sabrego», una descomposición del granito, es la formación característica de la zona. La profundidad media efectiva de cultivo es de entre 70 y 100 cm y contrasta su elevado contenido en arena en comparación con la arcillo, menor del 20%. Son ademas suelos de reacción ácida con poca materia orgánica y bajo contenido en calcio.